jueves, 15 de marzo de 2007

lazos


No suelo crear lazos con facilidad; no soy de amistades múltiples, pero sí muy largas. A veces no tengo a quien llamar para salir, pero siempre tengo a quien acudir cuando estoy triste, cuando estoy preocupada o necesito ayuda; siempre hay más de un teléfono al cual marcar para dar una buena noticia.

Lo conocí porque era amigo de mi hermano, la primera impresión fue fatal, lo aluciné, me alucinó, definitivamente era impensable tener puntos de encuentro; sin embargo, lo tuve que soportar durante un viaje al rancho de mis tíos. Durante nuestra estancia allá se refugió en mí, le costaba trabajo entender la dinámica de mi loca familia, traté de huir a toda costa, lo evité y finalmente, terminé siendo su confidente una tarde de lluvia frente al llanete.

Fuimos un equipo indisoluble de cuatro integrantes: mi hermano, otro amigo, él y yo; a lo largo de algunos años viajamos juntos y pasamos interminables fines de semana viendo peliculas o explorando mercados de artículos viejos. El grupo cedió al paso del tiempo, a la distancia de edades y de intereses; mi hermano se volvió agrio y solitario, Oscar acentúo su informalidad y poco interés en nosotros, pero Enrique y yo sobrevivimos.

Entró sin problemas a mi grupo de amigos de la universidad, iba por mí en su motocicleta (cosa que yo odiaba) y me llevaba a casa. Lloré en su hombro, lloró en el mío, vivimos borracheras, largas charlas hasta el amanecer, frías noches esperando los amaneceres en el campo; siempre estuvo involucrado en mi mundo y en mi vida. Lo invité a trabajar conmigo en SEP, conoció a mi siguiente grupo de amigos y se involucró con ellos.

Tuvo un hijo y múltiples problemas con su pareja, nos alejamos un poco, pero nunca nos perdimos de vista. Entré al mundo editorial y años después las casualidades del destino lo llevaron a integrarse a ese mundo editorial. Su vida empezó a ser errática, entre no perderse de ver crecer a su hijo, construir un vínculo afectivo y sus intereses, a veces ya no había espacio para nosotros. Hace un par de años empecé a perderlo, me evitó, me ignoró, me mintió... me hice a un lado antes de salir herida de gravedad.

Ayer me pidió ayuda, lo encontré delgado, deprimido, sin dinero, sin trabajo, a punto de perder a quien es su esposa recientemente, sin "amigos", sin dormir ni comer. No cabe duda, a veces equivocamos el camino y él lo hizo en grande.

Las cosas han cambiado, la distancia, el tiempo, las circunstancias; pero es mi amigo de adolescencia, conoce mis secretos, merece tener en quien confiar. Me alegro de que haya vuelto, más no de cómo lo hizo; es su última oportunidad para darle sentido a su vida y sólo él puede encontrar el camino, pero seré su compañera en este viaje.

1 comentario:

noemi dijo...

Pues qué suerte tiene éste amigo :)