sábado, 15 de marzo de 2008

día caótico con final feliz

Después de más de mes y medio sin percibir dinero, después del desengaño de la semana pasada (cuando según yo debería haber un cheque esperándome y fui yo quien se quedó esperando al cheque), hoy me confirmaron que sí, que ahí estaría entre 3 y 5 de la tarde.

Nunca entenderé ese afán de las empresas de que uno se quede con un maravilloso cheque toooooodo el fin de semana, aunque tenga que morir de hambre esperando el lunes.

Finalmente, mi compañero y yo tomamos todas nuestras ilusiones de volver a tener dinero entre nuestras manos, que no fuera un préstamo de amigos o hermanos (que estuvieron a punto de dejar de serlo, los pobres ya nos veían con miedo), y emprendimos el viaje rumbro a la hermana república de naucalpan.

Viaducto pasó sin pena ni gloria, periférico a vuelta de rueda, a simple vista no parecía grave, hasta que nos dieron las 3:40 pm sin llegar a recoger el cheque, lo que implicaban algunos problemas:

1. Según la información recibida (afortunadamente errónea) recibiríamos cheques de Banamex o de Santander; si era del primero tal vez llegáramos a alguna sucursal que cerrara tarde, pero con el riesgo de que fueran de esas que tienen tope para cambio de cheques; la segunda cierra religiosamente a las 4 pm.

2. No había alimento en casa, no había crédito en los celulares, no había teléfono en casa y todo lo que sucede cuando uno no cobra por largo tiempo.

En fin, llegamos por fin a las 4 pm y nada podía ser rápido, todos estaban con una parsimonia propia de quienes quieren hacer su trabajo con la calma que suponen requieren.

Cheques de Scotianbank... ¿a qué hora cierra?, ¿dónde hay una sucursal?, ¿abren el fin de semana? Nunca habíamos cobrado cheques de ese banco y al parecer se abría una esperanza; mi compañero de juegos mandó investigar y sí, todo parecía indicar que cerraba a las 5 de la tarde. Afortunadamente conozco la zona, nos dijeron cuál era la sucursal más cercana y nos encaminamos hacia allá, llegamos pronto y una vez dentro, nos relajamos.

El servicio fue ágil hasta que llegué a la ventanilla; finalmente salimos muertos de hambre, pero con algo de efectivo para los días venideros (que se vislumbran largos para los otros pagos), pero poco a poco se nivela el asunto.

El regreso no fue tan caótico (o ya no lo sentimos), comimos con un par de amigos y regresamos a casa; ya nos hicimos la firme propuesta, la próxima vez que tengamos que cobrar en esa empresa, iremos a desayunar cerca del lugar, para no estresarnos con el viaje...

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