lunes, 26 de julio de 2010

compañeros de camino

reconozco que no soy una persona de fácil trato; me gusta estar conmigo misma, tanto, que a veces es difícil de entender; en general, la gente no me importa demasiado, así que no me doy cuenta cómo se viste o qué hace; pero siempre he tenido grandes amigos. este texto promete ser tan cursi, como lo amerita la amiga de la que hablaré.

a veces soy demandante y a veces soy totalmente desapegada; afortunadamente, a lo largo de los años, los amigos permanecen. puedo decir, con bastante orgullo, que sé compartir, tanto los buenos como los malos momentos.

hace alrededor de 14 años conocí a un grupo de locos, totalmente heterogéneo, permanecimos juntos muchos años, a pesar de nosotros mismos. algunos crecimos, otros se resisten aún; algunos hicimos vida y nos separamos del resto.

de entre todos ellos debo rescatar a Magda, quien es una mujer esencialmente buena, confiada, confiable y a veces hasta ingenua (en la más pura acepción de la palabra). totalmente distinta a mí en muchos aspectos, por alguna extraña razón terminamos como grandes confidentes y cómplices.

tiempo después Magda, o la güera como es conocida por todos, vivió una gran historia de amor; con un hombre esencialmente bueno, confiado, confiable y a veces hasta ingenuo; fue un amor directo e inmediato, un amor que viví en muchos sentidos.
desde entonces, Magda y Luis, junto con sus hijos Julieta y Luis Andrés, son parte de mí; me han rescatado en los malos tiempos y creo que a veces he podido devolverles el favor. Luis y Magda cumplieron diez años de casados, y no encuentro mejor forma de celebrarlo que escribir sobre ellos.

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