martes, 24 de agosto de 2010

Algunas razones para recordarlo

El regreso a clases era todo un acontecimiento, desde elegir la mochila, los cuadernos y los lápices de colores; probarse el uniforme y regresar el primer día de clase a contar lo que había pasado.

El 15 de septiembre era día de adornar la casa, poner una gran bandera en el barandal de la terraza, cenar pozole y escuchar el grito; para él era una fecha importante, porque todo lo que tuviera que ver con la conformación del país valía la pena ser celebrado.

Las posadas, Navidad, los regalos, la cena, la llegada de Santa Claus, la llegada de los Reyes Magos, partir la rosca de Reyes; todo era descubrir y emocionarse.

Cada cumpleaños de un miembro de la familia era importante, celebración segura con gran fiesta si era posible o por lo menos pastel, regalos y comida especial.

Las vacaciones de verano para viajar, conocer rutas, aprovechar cada minuto fuera de casa; sólo los ocho o en compañía de tíos y primos. Ciudad o mar, no importaba; comer en un puesto de quesadillas o en el mejor restaurante del lugar daba igual. Puebla, Morelos, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Zacatecas, Chiapas... me faltó recorrer parte de mundo con él.

Ver el mundial de futbol o las olimpiadas, emocionarse más allá de equipos y países; si perdía tu equipo, tomabas otro para continuar; porque lo importante era seguir la competencia, ver la final todos juntos con una carne asada en el jardín.

Cada momento de aquel entonces, me permite vivir esos pequeños eventos con una intensidad que pocos comprenden. Tal vez suena a tontería, pero me gusta el festejo del 15 de septiembre aunque me quede en casa a verlo en televisión, me gustan mis cumpleaños, me gusta que los niños regresen a clases y que me cuenten como les fue en su primer día, o que me llamen para contarme qué les trajo Santa Claus.

En tres días se cumplen seis años de ausencia irremediable, no importa que el mundo haya continuado su marcha, sigo tan sola como aquella noche y no hay quien pueda evitarlo.

1 comentario:

Lety Ricardez dijo...

En medio de la belleza de los recuerdos, podía sentir el dolor contenido de la ausencia y no me equivoqué. Pero que mejor manera de agradecer el haber vivido el amor, que recordarlo así, compartiendo todo lo bello que quedó de él. Me agrada encontrarte aus.
No se si me recuerdes, pero te dejo mi abrazo oaxaqueño y te invito a visitarme porque he regresado buscando a mis amigos. Así te encontré